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PRDE, la Regeneración Democrática

5 noviembre, 2011

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), da el significado al verbo transitivo Regenerar, como la acción de “dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo”. Por tanto, la llamada Regeneración Democrática, es el nacimiento, restablecimiento o mejora de la doctrina política favorable a la intervención y predominio del pueblo en el gobierno de un estado que previamente degeneró.

¿Está degenerada la democracia en España? ¿Ha tenido tiempo suficiente, desde su nacimiento, para necesitar urgentemente una regeneración? De ser así, ¿Quiénes serían los adecuados para llevarla a cabo?

Si hacemos un poco de memoria histórica, tan de moda hoy en día, llegaremos a la conclusión de que en España, como en otros muchos países de nuestro entorno, la democracia nunca ha estado implantada. La clase política que encabezó el proceso de transición, toda ella surgió de las ruinas de un estado autocrático, habiendo bebido sus esencias detentando el poder, o en la oposición al dictador, ya fuera esta perseguida o más o menos consentida. Por esta causa, el sistema surgido de aquel apasionante cambio tutelado, nació con serias lagunas y profundas carencias democráticas, siendo la principal de ellas, la ausencia de protagonismo del pueblo español en el nuevo régimen y el secuestro de la soberanía popular por una casta política que diseñó un sistema de participación ciudadana, que se limitaba y se limita a dar el visto bueno a las decisiones y elecciones que realizan los partidos políticos, los nuevos amos.

Estos partidos, de tradiciones y funcionamiento claramente anclados al siglo XIX, tomaron el modelo tradicional surgido en la revolución rusa, para actuar en la nueva vida pública. Modelo que perdura, con todas las carencias democráticas que lleva implícito, manteniendo imperturbable el divorcio que existía entre la sociedad civil y la política durante el franquismo. El maquillaje de las elecciones cada cuatro años, no es suficiente para disimular las profundas imperfecciones de un sistema que deja al pueblo la función de sancionar a representantes no elegidos por el voto popular, sino por las direcciones de los partidos. Esta fórmula, incompatible con las ansias de democracia real del pueblo, en algunos casos se disimula con supuestas elecciones primarias, cuyos candidatos previamente, deben contar con el visto bueno del poder interno, so pena de persecución, sanción y hasta expulsión. Estas rígidas organizaciones, proponen la necesaria Regeneración Democrática durante las campañas electorales, en un vano intento por presentar la imagen de renovación interna que la sociedad demanda pero que se topa de bruces con una realidad desoladora: estamos en manos de pequeños dictadores, que se alternan en el poder, con la necesaria connivencia y colaboración de otros, más pequeños aún, que se conforman con obtener las migajas de un gran banquete donde el pueblo español está convidado solo para mirar el deleite de los comensales, como premio a grumetes disciplinados en el comedor de oficiales de una vieja galera de guerra.

Llegamos entonces a la conclusión de que en España perdura, desde el proceso de cambio político, una oligocracia partidista que parte, reparte y se lleva la mejor parte del pastel estatal, dejando al pueblo el mero papel de un espectador inhabilitado para ejercer su derecho a decidir, dentro de un sistema disfrazado de democracia formal, que nunca ha estado implantada.

Por tanto es entendible que la conquista de la democracia debe pasar por barrer de la vida pública los partidos políticos y a los políticos que construyeron, mantienen y viven desde siempre de esta mentira bien urdida. El profesor Rubiales Moreno presenta a estos partidos como organizaciones que “poseen estructuras verticales y autoritarias, basadas en el principio de que las cúpulas siempre tienen razón y conciben la unidad y la disciplina como un estado de servicio permanente y de sumisión al criterio dominante. Al premiar más la lealtad y la sumisión al líder que la libertad y la crítica, se asemejan peligrosamente a las estructuras totalitarias que constituían el eje de los partidos fascistas y bolcheviques”

Ante este desértico horizonte en lo que a democracia real se refiere, las pocas herramientas que el régimen deja en manos de los ciudadanos, deben utilizarse con el suficiente discernimiento y la capacidad crítica necesaria para sacudirnos el yugo de los partidos políticos tradicionales y de sus nefastas políticas sectarias. Es la sociedad civil, con su movilización, la que debe abanderar el cambio que evite la total laminación de las ansias democráticas del pueblo. Hasta que esa circunstancia se produzca, las gentes libres debemos utilizar los contados resquicios que la partitocracia deja a la iniciativa popular, promocionando mediante nuestro voto, alternativas que lleven como principal objetivo en sus programas la imprescindible Regeneración Democrática que nuestro país necesita. Estas formaciones, todavía incipientes y pequeñas, se sustentan en los principios que se contraponen a quienes “apartan de sus élites dirigentes a los mejores ciudadanos, a aquellos más preparados y mejor formados, gente que, lógicamente, tienen dificultad para soportar normas y principios como la obediencia ciega al jefe, la ausencia de crítica y debate limpio en el funcionamiento interno, la lealtad al partido antes que al ciudadano, el alejamiento de la realidad social, la autocomplacencia, la acumulación de poder y privilegios y, sobre todo, esa desviación sustancial del sistema de partidos que consiste en que todos están más dispuestos a servir al jefe que a la sociedad o a la misma ley”

En Murcia contamos con esa herramienta que ha nacido bajo los auspicios de personas políticamente independientes, no sujetas a dictados superiores, con el suficiente sentido común y discernimiento; sin ambiciones personales, profesionales y trabajadores con una vida construida y asentada, cuya única preocupación es dejar a las siguientes generaciones, a nuestros hijos y nietos, un país democrático, donde el pueblo disfrute la soberanía política.

El Partido para la Regeneración de la Democracia en España, PRDE, es la fuerza emergente que se aleja de las formaciones con grandes aparatos organizativos, donde el funcionariado interno, inmenso e insondable, convierte la organización en un poder fáctico incuestionable. El PRDE es la única formación que traslada a su funcionamiento interno, los principios democráticos que desea para la sociedad, en una clara apuesta por vivir la democracia desde dentro para no corromper el mensaje regenerador que la sustenta.

En las próximas generales, votar al PRDE, no es un voto inútil. Es el voto necesario para una Murcia mejor y una España mejor, que reivindica el derecho a decidir por sí misma, sin intermediarios que perviertan sus anhelos.

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