22 de Mayo. ¿Qué votar?

23 abril, 2011

Comprendo el interés que están poniendo los políticos para arrastrarnos a las urnas el próximo 22 de mayo. Como a tantos otros españoles, votar ya no me pone, debido al bochornoso espectáculo que, cada día, escenifican los próceres de la cosa pública. Por lo visto cuarenta años de sombras no fueron suficientes para aprender la lección. No fueron suficientes para evitar caer, otra vez, en las viejas y ancestrales equivocaciones de siempre. Como se decía de los ricos en los colegios de monjitas, es más fácil que pase un elefante por el ojo de una aguja, que encontrar a una persona honesta en los parlamentos de esta troceada España o en los consistorios de sus pueblos y ciudades.

Los políticos se han convertido en un gran peligro para el bienestar de los ciudadanos. Son un problema añadido a los muchos que ya tenemos. Por desgracia, sus señorías, a pesar de saberlo y ser conscientes de ello, ponen todo el empeño para empeorar aún más su detestable imagen. Aun así, llegado el momento y cuando se tiene que renovar el negocio que va de una urna a otra, los ciudadanos demostramos más sentido de estado que la casta. La que nos lleva inexorablemente a la ruina.

Sin embargo, esa responsabilidad es cada vez más difícil ejercerla, hasta el extremo que muchos votantes nos encontramos políticamente huérfanos, siendo difícil descubrir alguna solución que no desprenda olor a podrido. Votar tapándose la nariz es un acto reflejo y habitual en los procesos electorales. ¿Qué hacer entonces?

En todo comicio que se precie, varias son las posibilidades que tiene el ciudadano. Votar a una formación, partido o coalición; votar en blanco; votar nulo y no votar. Abstenerse. Esta última alternativa, la abstención, cada vez más popular y extendida, puede parecer una especie de protesta ante la casta: es como decirles que no nos gusta lo que están haciendo y hacia donde llevan el país. Una opción que parece mantenernos al margen de la disputa, siendo imparciales en esta batalla por el voto. Pero solo lo parece.

La abstención tiene fiel reflejo en los resultados. Un alto índice de abstención favorece a unos partidos frente a otros, al igual que un alto índice de participación, debido a la ley electoral. Por tanto la abstención, si se desea protestar ante el estado actual de cosas, no es la opción más adecuada porque inclina los resultados. Al igual ocurre con el voto nulo. Introducir una papeleta con chorizo impreso, puede parecer un acto heroico de inconformismo militante, pero la nulidad reduce el número de votos imprescindibles para llegar a los porcentajes mínimos exigidos. Por tanto si de rebote no se quiere beneficiar a galeotes, arribistas, caras duras, chorizos y jetas, la abstención y el voto nulo no pueden tenerse en cuenta.

El voto en blanco, a pesar de lo que se diga, favorece a las candidaturas más votadas. A los partidos grandes, que no grandes partidos. La ley D´Hondt, una especie de tomadura de pelo matemática, lo posibilita. Si el deseo es no votar a las formaciones mayoritarias, la papeleta en blanco deja de ser la elección posible. Qué contrariedad ¿verdad? Hasta que los votos en blanco no se traduzcan en escaños vacios, mejor olvidarlo.

Por tanto no queda más que una: votar. Pero ¿a quién?

PP, PSOE, IU los partidos tribales y en suma, todos los que llevan en el machito desde la transición, han demostrado de sobra su preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Ninguna. La partidocracia, la casta que ha florecido en sus filas, son un problema para los españoles. Lejos de ser la solución, se han convertido en parte del drama. Por tanto no es aconsejable refrendar más de lo mismo en los parlamentos regionales y en los ayuntamientos. Se antoja un cambio en el sentido del voto.

Llegados a este extremo, no queda más remedio que localizar en el mapa este dilema. Si en Murcia excluimos a los de siempre (PSOE, PP e IU) no tenemos más remedio que bucear en las alternativas a lo establecido. Algunas de ellas pintorescas. Otras menos. Las hay que son una seria amenaza para esta minusválida democracia y algunas que, con toda la buena intención del mundo, son simples testimonios de lo que pudo ser y no fue.

Entre estas alternativas a lo establecido, aunque la mayoría son más de lo mismo por mucho que se empeñen en hacernos creer lo contrario, especialmente las de corte personalista; destaca una, debido a que dispone de representación en el parlamento nacional: el partido de Rosa Díez, también conocido como UPD o UPyD.

Lo más llamativo de su programa es la exigencia a los partidos grandes que en él aparece: para recibir su apoyo en aquellos ayuntamientos y parlamentos donde sea preciso garantizar la gobernabilidad con su voto (moral no les falta) deben comprometerse previamente a cambiar la ley electoral.

No sabemos muy bien como un alcalde de un pequeño pueblo puede comprometerse a tanto para recibir el apoyo de esta formación, pero resulta pintoresca la demanda, sobre todo si tenemos en cuenta que su lideresa máxima, la Sra. Díez, ha realizado toda su carrera política al amparo de la vigente ley electoral, favoreciéndole sobre manera cuando militaba en el PSOE, olvidando durante todo ese tiempo la injusticia que se cometía con los pequeños partidos y el diferente valor del voto, dependiendo del territorio.

Curiosamente nunca cayó en la cuenta de ese detalle siendo consejera del gobierno nacionalista-socialista del País Vasco, comunidad donde el voto vale más que en Murcia. Con estas premisas, la alternativa de color magenta resulta infumable, máxime si con el envoltorio de la bandera nacional, se esconde la apuesta de un estado federal. Apuesta que cuidan mucho no difundir.

Desestimados los de siempre y las marcas blancas que rinden culto a la personalidad, debemos adentrarnos en el tortuoso camino de las formaciones testimoniales, algunas de ellas con solera.

Existe una variopinta oferta. Desde la histórica Falange, hasta el recién nacido Partido por la Regeneración de la Democracia en España , pasando por la Reforma del Estado de Nostradamus, cuyo peculiar nombre llama a carcajada. En este conglomerado está la solución a los huérfanos políticos. Teniendo en cuenta los antecedentes históricos de algunos de ellos y la sospechosa falta de seriedad de otros, la elección puede estar meridianamente clara para quienes hemos seguido la política murciana muy de cerca y no queremos que nuestro voto o ausencia de él, pueda beneficiar indirectamente lo que no compartimos y permita a su vez que la amenaza totalitaria tome cuerpo en nuestra región.

Votemos pues. Votemos por regenerar nuestra débil y enferma democracia, aunque nuestro voto pueda parecer testimonial.

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  1. Ángel Soria Rodríguez
    23 abril, 2011 en 21:06

    Mi voto, en Soria, será en blanco… y rojo. Blando del papel y rojo del chorizo.

  2. Garibaldi
    23 abril, 2011 en 21:12

    Dado lo visto y experimentado desde hace años por la bien alimentada casta política, yo voto por sabia nueva, es imposible o casi, que lo hagan peor. Pero desde luego no estoy dispuesto a ayudar ni un milímetro a los de siempre.
    De momento me decanto por PRDE y Dios dirá.

    • 26 abril, 2011 en 09:05

      estoy totalmente de acuerdo con Garibaldi, y mi voto será para PRDE, porque no me sale de las narices que los que hay repitan con mi voto, y por muy mal que lo hagan, nunca lo haran peor, que por cierto no tienen porque hacerlo mal. animo al PRDE y a todos los españolitos que vivimos con “cierta” incertidumbre, hoy.

  3. 24 abril, 2011 en 07:55

    De momento mi intención es votar chorizo en las municipales, ya que su repercusión como voto negativo no tendrá consecuencias detestables, y al PRDE en las autonómicas. Más por afecto personal a sus integrantes que por convicción política. Pero es que no me queda otra. Y quedarme en casa, como que no. O votar nulo para la asamablea regional…ya quisieran eso los que necesitan bajar el numero de votos validos emitidos para conseguir con menos sufragios el 5 %

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