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Las maneras de la regeneración.

27 febrero, 2011

Las amenazas que he recibido en mi blog personal, me han retrotraído a tiempos donde la divergencia política se saldaba con palizas, asesinatos, guerras civiles y paseos de madrugada. Nuestra historia está plagada de enfrentamientos crueles. El oponente político era considerado enemigo. El sectarismo y el fascismo militante campaban a sus anchas, dejando la sana y a veces enconada discusión y la discrepancia tolerante, en utopías inalcanzables para un pueblo acostumbrado a dirimir sus diferencias a bastonazos.

El estado democrático de la actualidad ha sido una excepción en nuestra dilatada carrera de encontronazos. Si bien las formas parecen guardarse, subyace una componente intolerante que a veces nos hace perder el sentido de las cosas y actuar como energúmenos. Como milicianos de una causa o un color, sin más altura de miras que imponer las tesis que se defienden, utilizando para ello argucias, artimañas, delaciones y amenazas, a veces veladas otras veces directas y claras. Dar el salto y volver al pasado es solo cuestión de tiempo, si quienes así se comportan llegan algún día a tener responsabilidades públicas y capacidad de decisión. Por eso es imprescindible seguir denunciando las prácticas estalinistas de algunas personas y grupos políticos.

Criticar a Rosa Díez y su partido es algo que molesta bastante en la galera magenta. Si tenemos en cuenta la trayectoria de esta formación, donde la democracia interna brilla por su ausencia y la disconformidad con los postulados del cimborrio se paga con el ostracismo y la expulsión, podemos entender que alguno de sus cegados seguidores no comprenda que existan posiciones distintas a las emanadas por la adorada líder máxima.

Decir que Rosa Díez practica la demagogia como principal discurso político y la inconcreción en temas tan sensibles como, por ejemplo el agua, disfrazando la problemática con el oscuro manto de la cuestión de estado, afirmando a su vez que finge tener idearios y posiciones contrarios a los que verdaderamente siente, destroza las vísceras de quienes están hipnotizados por un fraude y son incapaces de preguntarse según qué cosas. Su corto entendimiento no da para más y que se puedan cuestionar los dogmas abrazados con entusiasmo y decisión, rompe su escasa razón.

Evidentemente no es culpa de nadie, ni de Rosa Díez, que por la ancha España campen descerebrados que odian la libertad de expresión y a su vez admiran a un caudillo o caudilla. Sin embargo es preocupante que los políticos no pongan freno a los vándalos de entre sus filas o a simpatizantes enajenados; hasta que la cosa pasa a mayores y no tiene remedio.

Tenemos ejemplos cercanos en el tiempo, como para pasar por alto estos detalles.

Sería más grave que quienes utilizan la amenaza e intentan amedrentar, al mismo tiempo fueran candidatos a ganarse el favor popular. No hay que descartarlo. La ambición desmedida, las ansias por ganar privilegios, pueden cegar a algunas mentes confundidas que ven en lo público la solución a sus problemas personales.

Por tanto, la responsabilidad ciudadana obliga a seguir en la brecha utilizando las herramientas que la revolución tecnológica ha puesto en nuestras manos, con la satisfacción que produce el gran pesar que ello supone para los fascistas que con piel de cordera, añoran épocas pasadas donde el silencio se imponía por las bravas y la discusión estaba penada.

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  1. Ángel Soria Rodríguez
    27 febrero, 2011 en 16:28

    Efectivamente, hay que seguir en la brecha… pero cuidando que no te hagan una.

  2. Jose Maria
    1 marzo, 2011 en 16:21

    Angel, si lo que tiene esta gentuza es que son unos cobardes que ni siquiera se atreven a dar la cara cuando escriben.
    Eso y otros impresentables (aunque puede que no a este nivel tan exagerado) es lo que queda en la galera magenta.

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