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Grandes hombres para la historia del lugar

30 diciembre, 2010

En el año del señor de 1981, el que esto escribe llegó a un pueblecito pesquero de las murcias profundas, por mor del ferrocarril que el papá del Sr. Buesa no contribuyo a construir, porque lo hicieron, años atrás, los ingleses. Esos de la pérfida Albión. Trajeron su buen hacer y dejaron para la posteridad tres construcciones: una estación, un depósito de locomotoras y un taller. Todo en sillería. Además, malos ellos, sin libros y sin nada. Colosalmente y a base de musculo, metieron en la playa un falo de acero que todavía perdura. Declarado de interés histórico y artístico, es la columna vertebral de la historia aguileña y un referente para enamorados.

Sin embargo Águilas tiene otras historias. Esas pequeñas historias que, sin libro, quedan en la memoria del lugar. Y se trasmiten de padres a hijos y de estos a los pardillos que llegan –y llegaban- al lugar, movidos por la necesidad de seguir haciendo un ferrocarril mejor que el que nos legaron algunos que tenían libro.

Una de esas historias populares relataba el cambio de impresiones que dos lugareños mantuvieron con foráneos en una conocida sala de juergas al grito de “a dos tocamos”. Ni que decir tiene que los anglosajones volvieron a ganar la batalla, esta vez terrestre, y pusieron a los héroes patrios como a una estera.

Esa heroica reacción ante la soberbia de altura, se quedó impresa en nuestra retina –los veíamos ir de un lado al otro entre las cuatro locomotoras- cuando a los pocos días del desembarco valenciano del 81, algo parecido nos ocurrió a dos paisanos de Don Pio –que en paz descanse- con cuatro alemanes. Todavía me duele todo lo que me dieron. Porque al grito de “a dos tocamos” tocamos a más de dos. Y a más de tres. Pero dejamos el orgullo patrio a buena altura. Sobre todo por el buen hacer de las enfermeras de urgencias.

Pasado el tiempo, cuando uno ya se había habituado al proceder del pueblo, en otra sala de juergas y en su cafetería, un mocetón de altura de miras, del campo y con unos músculos de pavo, ensimismado en lecturas de Baco, tuvo el detalle de manifestar su admiración por la diosa que me acompañaba, comprobando la tela de sus bragas bajo la minifalda que lucía. Lógicamente, y muy educadamente, manifesté mi protesta haciéndole caer en un sonoro golpe contra las tablas. Tres años de salario intervenido me costo la broma. Pero nadie me negara que el ruido de semejante mole al desplomarse, no lo compensa.

Cuento esto porque hoy he recibido la llamada de una de las mejores personas con las que me he topado durante la experiencia magenta. Miguel Baños, nuestro Miguel. Ese que ha luchado cuerpo a cuerpo contra un titán de más envergadura que ingleses soberbios, sin libro, y alemanes borrachos. Y ha ganado la batalla. Mi alegría al oír su voz solo se ha visto enturbiada por una causa: el recuerdo de mi cobarde actitud cuando en una encerrona sin precedentes, organizada por los miserables que actualmente comandan UPyD en Murcia, lo echaron como a un perro, y yo no me levante, por miedo, y me fui con él.

Seguramente esto no habría ocurrido si Manuel Hernández, entonces coordinador territorial del partido socialista de Rosa Díez, organizador de la encerrona con su buen lacayo Rafael Sánchez, hubiera mordido el polvo cuando tiempo atrás me humilló públicamente. Mi empeño por saber la causa del suspenso del mitin central de Rosa Díez en Murcia era “intolerable”. Es la única ocasión en la que he lamentado controlar mi pronto. Si le hubiera roto la cara en ese momento, cuando faltó a la más elemental de las etiquetas, mucha gente no habría sufrido después, lo que ha sufrido. Miguel no habría pasado por lo que pasó y la soberbia de Hernández y sus galeotes, no solo no habría ido in crescendo, sino que habría menguado. Tres años de nómina embargada, incluso seis, pagaría ahora mismo por retroceder a ese momento y hacer lo que no hice.

Bienvenido Miguel. Tú sí que sabes luchar contra la adversidad.

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  1. 30 diciembre, 2010 en 15:52

    Mi admiración para Miguel, y para tí, Ramón Ángel. Y tranquilo… sólo era una batalla; no toda la guerra.

  2. Jose Maria
    30 diciembre, 2010 en 18:55

    Yo aqui me gustaria añadir a otro gran murciano de adopcion (aunque madrileño de nacimiento) y tambien ex de la galera magenta Alvaro Vazquez-Dodero, que desgraciadamente perdio la ultima batalla, pero seguro que nos estara echando una mano para hundir la galera este donde este.

  3. lola
    1 enero, 2011 en 23:22

    Me uno al reconocimiento meritorio de Miguel, de Alvaro, de J.J., de J.Miguel, de Ruben, de……Y me congratulo de que se haga público su valía. Y tengo que decir que era lógico que Miguel e incluso tú Ramón discutieraís, porque vosotros no perteneceís a la casta política que va por el sillón, a costa de todo. Y yo me alegro de que seais así.

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