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Y si no, vacaciones (Remix…Así, no)

29 septiembre, 2010

Lo recuerdo como si fuera ayer. Espoleados por “la conjunta” -la que incluso secundaron los héroes del fulibán de la quinta del Buitre- nos echamos a la calle para ponerle las peras a cuarto al compañero Isidoro. Fue cuando la televisión, de pronto, quedó muda. La de entonces.

En el crepúsculo de los ochenta, el gobierno socialista de Felipe González  -¡cómo no!-  pretendió aprobar un Plan de Empleo Juvenil que provocaba grima en los laboro y puso en pié de guerra a los síndicos.

Puestos a la faena, en un pueblo del litoral murciano, las grupis de la estrella sindical del lugar –hoy prohombre ejecutivo – nos aprestamos a tomar las calles. Era un pueblo donde trabajar en la industria del tomate -la que mudó bienes y hacienda al moro- se lograba previa entrada en conocimiento con algún principal. Voces maledicentes que lo afirmaban, aseguraban también que no se daba con la crudeza de la pernada, pero dorada en brasas. Así estaba el patio entonces. Más cornás -nunca mejor dicho- daba el hambre. Eso se creía. A saber.

Seguidos de cerca por una patrulla de la pestañí, la turbas obreras creábamos ambiente de Huelga General al son de las desgañitadas trompetas revolucionarias. Muy posiblemente, por aquellos años, los picoletos ya estaban hasta los bemoles de su situación y no solo no molestaban, sino que animaban el cotarro con las intermitentes de colores cada vez que la piadosa procesión hacia un alto en la obligada estación del vía crucis.

De bar en bar, de cafetería en cafetería, de panadería en panadería, de heladería en heladería y de taberna en taberna; fuimos informando al respetable de las causas que provocaban tal algarabía. Generalmente y a las buenas, echaban el cerrojo. Hasta el cura lo hizo. No obstante, si a pesar de la extensa información difundida durante las semanas previas, algún servidor la necesitaba de primera mano para sumarse al bolo, se la dábamos de mil amores. Igualmente, si los Salvatore, por la dificultad del idioma, no entendían el mensaje, voluntarios dispuestos a explicárselo a las maneras sicilianas no faltaban. Ventajas del boca a boca que nunca tendrá la tecnología moderna.

Algunas prácticas de cerrajería después y tras muchas horas de penitencia recorriendo una y otra vez el circuito establecido, nos quedamos sin suministros.

Faltó el tabaco. Faltó el agua para los más rancios y el fundamento para el valor de los decididos. Caímos en la cuenta de que, incomprensiblemente, no habíamos previsto mantener abierto un puesto de avituallamiento. La única gasolinera que nunca cerró en similares fiestas de guardar, la clausuré yo nada más empezar la partida. No es que fuera un valiente. Simplemente por el vínculo político -en lo familiar- que me unía al zagal del dueño, se podían evitar aguas mayores caídas del cielo. Le tenían ganas al gasolinero por otras veces. Era un chulo, decían. Se evitó así la posible mal oliente desgracia al tiempo que se desataba la mía. Tras está gesta, la familia de acogida diome la bendición “urbi et orbi” por siempre.

Total, que conseguido lo propuesto, paralizar el pueblo incluso en su más lúdica expresión, nos fumamos lo que se fumó Clavijo y bebimos de las fuentes del saber obrero -nada mejor había a mano- no sin antes convencernos de lo inmoral que hubiera sido tocar a la puerta del autónomo vecino, colindante con el puesto de mando, que enclaustrado en su comercio, almacenaba la intendencia apetecida.

La perorata viene a cuento porque esta mañana, después de adherirme, más por comodidad que por otra cosa, a una huelga en la cual no creo –el cuerpo lo agradece, me consuelo- y porque soy de los pocos españoles que puede permitirse dejar de ganar cien euros este día, he querido comprobar personalmente algo que me negaba a creer cuando tuve noticia.

Las centrales sindicales mayoritarias, ante la evidencia del poco entusiasmo que su convocatoria ha despertado en la clase obrera, han llegado a extremos que en otro tiempo nos hubiera parecido merecedor de excomunión proletaria.

Las principales empresas industriales de la Región de Murcia han secundado la huelga al cien por cien. ¿Cómo? Sencillo. Los distintos comités de empresa negociaron con las direcciones mudar días de vacaciones, descansos grafiados, días de libre disposición y otros beneficios laborales, al 29 de Septiembre, unilateralmente y sin contar con las plantillas, algo habitual en las practicas sindicales del momento. Con esta artimaña, los delegados sindicales de CCOO y UGT, artífices del entuerto, han conseguido dos cosas en estas empresas: presentar un paro total a sus mayores y joder a los trabajadores.

Días de puente laboral, como el del próximo11 de Octubre, negociado y firmado en los calendarios a primeros de año, han pasado a mejor vida por obra y gracia del sindicalismo de clase. Todo por la causa. El 12 de Octubre, fiesta del Pilar, patrona de La Cosa Patria y Caudilla de la Guardia Civil, tardará años en verse en otra igual.

El cabreo de los trabajadores afectados se lo pueden imaginar. Del ejercicio, o no, de un derecho constitucional, ni opinar siquiera les han dejado. Queda bautizado. Para colmo, algún Comité  Ejecutivo de altos vuelos –de UGT para ser más exactos–  se ha desmarcado de las decisiones unilaterales y coincidentes en tantos y variopintos comités de empresa, ya que atenta al derecho de huelga -intolerable, balbucean con sus boquitas pecadoras- pero no se conoce medida disciplinaria alguna contra los perpetradores. Ni se espera.

En fin, para qué hablar.

Desde el polígono industrial donde esta radicada una de las factorías afectadas -las restantes empresas, pequeñas, trabajaban con normalidad- hasta llegar al teclado de mi ordenador, he verificado que los bares y tabernas del trayecto han seguido con su vida normal. Les aseguro que son unos cuantos. El primero de ellos, el de la gasolinera del complejo -a pleno rendimiento y sirviendo combustible como si tal cosa- hasta los topes de parroquianos debido al “cierre patronal”

Por estas; que he parado en cada uno de ellos para peor gloria de mi hígado.

¡Cómo han cambiado las cosas! ¡Compañero Del Campo!

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  1. Jesus C.
    29 septiembre, 2010 en 11:19

    INCREIBLE…Es tan subrealista que no puedo creerlo…la madre que los parió.

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