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Malos tiempos para la incorrección política

11 septiembre, 2010

Es notorio y sabido que el políticamente incorrecto académico de la Lengua Española, Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez, no tiene cuerda cuando se trata de aguantar a imbéciles partidistas y estómagos agradecidos de toda índole, incapaces de desprenderse del cateto sectarismo que ha hecho de la cosa pública lo que hoy es: un cenagal.

La cutrez política y el cartagenero artífice literario del Capitán Alatriste no ligan bien. El escritor siempre ha sido muy crítico con la casta endogámica que comanda los destinos de España y nunca ha mostrado simpatías partidarias en público o en privado. Grave delito en un país, o lo que queda de él, donde la máxima conmigo o contra mí, es de obligado cumplimiento. Pecado de dimensiones bíblicas si además no se hacen distingos a la hora de calificar al colectivo y se mete a todo negociante patrio en el frasco de las esencias podridas del Estado. Un axioma si se trata de autores con tirón y relevancia que crean estados de opinión.

Por eso, cuando la independencia de criterio cotiza a la baja y ganarse la manduca fuera del pesebre subvencionado deja de ser virtud y se torna concupiscencia, el novelista es la escusa perfecta para que los incapaces congénitos se lancen las perolas unos a otros. Y eso le ha tocado las pelotas a Reverte, como esperaban los torquemadas del turno de oficio, conocedores de su dignidad y amor propio.

¿Habría actuado la oposición del consistorio gaditano con tanta diligencia inquisitorial, si el comandante elegido para capitanear la travesía de los fastos por el bicentenario de La Pepa, hubiera pertenecido a la Cofradía de la Zeja? Seguro que no.

Lo dicho, malos tiempos para la incorrección política.

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