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3.414 partidos políticos

18 agosto, 2010

Dice nuestra constitución, la de bautizado papel, que los partidos son la expresión del pluralismo político de nuestro país. Qué bien. A tenor de los 3.414 inscritos, cien solo durante el último año, somos el país más plural del mundo mundial. O el más atomizado en las ideas, vaya usted a saber. Esta multiplicidad de siglas que va en crecimiento, trae a mi recuerdo aquella vieja chanza de la transición: un elector, confundido ante semejante maremágnum de acrónimos, terminó votando a la RENFE.

La verdad sea dicha, tanta oferta en el mercado de la urna abruma. Algo de lucrativo negocio deben tener unas siglas y sus correspondientes fundaciones para que esta sopa de letras no solo perdure, sino que engendre… ¡Qué mal pensado!

Ocurre en realidad que al ser nosotros, los españoles, un compendio de quijotes de toda condición y clase, nos lanzamos a la arena de lo público con la única intención de mejorar la vida y costumbres de nuestros iguales, que es de caballeros bien nacidos ser desprendidos. Pero cada uno en su olivo, como los mochuelos, que el sacrificio por los ajenos tiene recompensa. Más terrenal que de la otra.

Total, que sin comerlo ni beberlo, tenemos tantas posibilidades de elección partidaria, que nos bailan las letras. Y parece que la cosa tiene su espacio. Cada cosa me refiero. Porque no paran de brotar como setas de temporada. La canícula es propicia para estos partos, después de la gestación invernal. Pero no crean que todo es juntar a un grupo de parroquianos que estén hasta las tetas de tanto chorizo político. No señor.

Primero es necesario un concienzudo y pormenorizado análisis de la economía real y una alternativa creíble y atractiva que genere nuevas sinergias y posibilite la transformación de las estructuras caducas que lastran el desarrollo sostenible del entramado socio-político y viva España.

No debe faltar y de hecho no falta nunca, la denuncia de una clase política enrocada en modos y formas reñidas con una autentica democracia participativa, secuestrada por las oligarquías financieras y por la partidocracia imperante, que ha arrebatado al ciudadano el protagonismo político. Esto último siempre queda muy propio.

Lógicamente, después de poner a parir a los que están por delante en la lista del Ministerio, se hace necesario presentarse como una alternativa novedosa, regeneradora (imprescindible aunque se esté viviendo de la política toda la vida y ya peinen canas) inspirada en las más nobles intenciones, transversal, horizontal, cuyas decisiones se toman de abajo a arriba, sin aparatos, célibes en lo político y putas expertas en la gestión. Se debe hacer mención a la necesidad de recuperar el sentido común. Aunque se sepa que política y sentido común no casan bien, pero engancha decirlo.

Y ya está, a inscribirse. Lo siguiente y si los dineros lo permiten, un tour por la patria, ya sea chica o grande, presentando a muchos incautos y a algunos vivos, la buena nueva. Si algún político de rancio abolengo y dilatada carrera pública avala el invento, mejor que mejor. Si se afilia, la traca. Si además se ofrece desinteresadamente para capitanear un proyecto que se la pone más dura que el pijo de un novio, la hostia. El fin lo justifica, pecadillos sin importancia.

Llegados hasta aquí, corresponde ahora moverse en el caldo de las subvenciones, creando una fundación. Da igual los objetivos. Solo es uno y se sobreentiende. Y al ruedo.

Una cuestión importante. No se debe abrumar al votante. Podemos provocarle una apoplejía por tanta alma desprendida que desinteresadamente se ofrece a solucionar sus problemas. Mucho dadivoso es difícil de digerir. Y más en época de estrecheces. Porque al final solo se consigue despertar la sospecha del felino y que alguien se atreva a decir en público y a los vientos de La Rosa: ¡Qué os den!

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  1. Pepo Millán
    21 agosto, 2010 en 21:26

    Permiteme que te copia una reflexión de Miguel Hernandez Montero que me parece muy interesante y resumen lo que algunos pensamos de la situación:

    ——————————-
    Durante las pasadas legislaturas el hartazgo de los ciudadanos ante las políticas erráticas ejercidas por la práctica totalidad de los partidos del arco parlamentario, la mayoría de las veces claramente contrarias a los intereses reales de la ciudadanía, ha colmado la paciencia de muchos de ellos que decidieron dar un paso al frente e implicarse políticamente para cambiar este estado de cosas.

    Como reacción a esta situación han aparecido algunas formaciones políticas nuevas, cuyos programas contenían propuestas acerca de la regeneración democrática, que constituye una de las mayores urgencias políticas y una de las demandas más clamorosas de la ciudadanía.

    No obstante, y pese a las buenas intenciones iniciales, estos partidos han fracasado en sus proyectos renovadores, al reproducir en el seno interno de sus organizaciones las estructuras piramidales, sucumbiendo al caudillismo, los personalismos y los grupos que buscan medrar al amparo del poder, cercenando cualquier posibilidad de democracia interna, anulando toda voz discrepante, secuestrando la libertad de comunicación entre afiliados y su posibilidad de decisión.

    Ello ha supuesto la anulación de cualquier esfuerzo de regeneración democrática en el seno mismo de la organización y estructura interna de estos partidos. Como consecuencia de ello, al daño que ya en sí ha supuesto para el sistema democrático la perversión que es el bipartidismo, alentado y estructurado por las dos formaciones políticas mayoritarias, debemos sumar aún uno no menos grave: el desencanto, la desilusión y la desesperanza entre la ciudadanía, cuyo consecuencia más nociva es la posibilidad de caer en el inmovilismo por falta de credibilidad en las organizaciones políticas y las instituciones democráticas.
    Este ha sido el verdadero delito de estas nuevas formaciones que, abusando de la esperanza, la buena fe, la ilusión renovada de los ciudadanos, han frustrado, una vez más, las expectativas de los ciudadanos, contribuyendo a un pesimismo muy pernicioso para el sistema democrático

    Muchos de los que hoy conformamos Movimiento Democrático, venimos de militar en este tipo de formaciones políticas que surgieron con la proclama de la regeneración democrática. La deriva de traición y alejamiento de los planteamientos de regeneración política no nos ha hecho dudar en apartarnos y seguir luchando por este proyecto con nuestra inquebrantable voluntad de ser libres. No vamos a dejar que nadie se apropie de la voz ciudadana. Si es preciso, refundaremos infinitamente movimientos democráticos que recojan los principios por los cuales nos aglutinamos, porque no permitiremos que nuestra voz y nuestra capacidad de decidir queden secuestradas. Es un deber no solo por la propia dignidad, si no que se lo debemos, como todos los ciudadanos que formamos parte de este país, a las generaciones venideras.

    Miguel Hernandez Montero

    ——————
    La creación de cerca de 100 partidos en un año es todo un diagnostico no de existencia de pluralidad, sino de falta de representación. Pero hay que seguir intentándolo. No es fácil porque nadie nos ha enseñado, pero nos sentimos obligados ha hacerlo. Y hay que ser serios.

    • 22 agosto, 2010 en 08:08

      Muy elocuente y en líneas generales es imposible no estar de acuerdo.

      Sin embargo la reflexión final, encierra en sí misma una constatación: es imposible desembarazarnos de nuestra naturaleza humana, sujeta como todos sabemos a innumerables condiciones, pero principalmente al individualismo intrínseco a ella que inevitablemente nos conduce al egoísmo, la ambición desmedida y las luchas de poder. Por eso el autor es consciente de que serán necesarios fundar, uno tras otro, más MDs conocedor de las debilidades del hombre (y la mujer)

      Es encomiable y digno de alabanza la confianza en el hombre como sujeto político que el redactor destila en su escrito. Sin embargo yo estoy convencido que antes de regenerar las estructuras sociales, es imprescindible que se regenere ese sujeto político. Mientras esto no ocurra, y no es algo que pueda pasar mañana, toda organización creada bajo las premisas éticas y morales del ciudadano actual, están condenadas a repetir los mismos defectos y errores que se censuran.

      Saludos.

  2. Pepo Millán
    22 agosto, 2010 en 15:01

    Tu reflexión sobre la naturaleza humana y su debilidad aplicada a la creación de un partido político “honesto” nos lleva al dilema de que crear partidos con gente no preparada o esperar a preparar la gente para crear partidos. El problema que encuentro es que si no tengo experiencia en que es un partido “honesto” ¿Como podré saber cual es la formación que necesita un sujeto para participar en un partido “honesto”? ¿Como sabré que está suficientemente regenerado?
    Por tanto el único camino que yo veo es el que ha utilizado la naturaleza en su evolución que es el que realmente se está dando en España. Hay una carencia de este tipo de partidos y se crean 100 diferentes intentos con la esperanza de alguno fructifique. En este proceso de prueba y error se va aprendiendo y entendiendo lo que es un partido. Es decir se están generando sujetos políticos más evolucionados que comprenden mejor que se pide de ellos. Yo creo en la naturaleza humana. No todo es egoísmos, o egoísmo materialista. Hay muchos ejemplos. Me viene a la cabeza la historia de las Brigadas Internacionales durante la guerra Civil Española. ¿Por qué aquellos jóvenes se metieron en una guerra que aparentemente no era la suya? ¿Por fanatismo? ¿Por idealismo? Yo no se cual es la respuesta. Pero lo hicieron.
    Por tanto es casi seguro que muchos de estos nuevos partidos repetirán los mismos errores y defectos, pero creo que es la única manera de que alguno tenga éxito y muestren el camino.
    Se puede espera sentado a que el mundo cambie o se puede intentar que el mundo cambie. Seguramente ni los unos ni los otros llegarán a ver el cambio, pero los que intentan cambiarlo mantendrán siempre encendida la llama de la esperanza. A mi me gustaría mantener mi llama encendida siempre.
    Saludos

  3. 23 agosto, 2010 en 10:04

    Pepo Millán :

    Tu reflexión sobre la naturaleza humana y su debilidad aplicada a la creación de un partido político “honesto” nos lleva al dilema de que crear partidos con gente no preparada o esperar a preparar la gente para crear partidos. El problema que encuentro es que si no tengo experiencia en que es un partido “honesto” ¿Como podré saber cual es la formación que necesita un sujeto para participar en un partido “honesto”? ¿Como sabré que está suficientemente regenerado?

    Saludos

    Estimado Pepo:

    Ante todo te pido disculpas por la tardanza en contestar a tu reflexión.

    Sin ánimo de sentar cátedra, cosa que no puedo permitirme debido sobre todo a unas limitaciones intelectuales que son patentes, la cuestión que planteas, cual debe ser el proceso o más castizamente, si debe ser antes el huevo o la gallina, nos lleva inevitablemente a un salto en la discusión teórica y plantearnos un nuevo dilema: ¿es la fórmula adecuada o está agotada y no responde a los retos del ser humano actual y futuro?

    Creo que los partidos políticos al uso están superados y su vigencia en el devenir histórico a punto de cerrarse. Los parches, los maquillajes a que están siendo sometidos (ya sean algunos de los existentes o nuevas iniciativas con denominaciones que se cuidan mucho de anteponer la denominación clásica de “Partido” en un vano intento por retrasar lo inevitable) demuestran su incapacidad y que son herramientas no útiles para afrontar lo que la humanidad necesita y evitar lo que la fuerza de los hechos consumados llevara a término si no se remedia antes: un cataclismo general de índole social, económica, humanitaria, geográfica y ecológica. Una nueva Edad Media.

    Qué seamos capaces o no de encontrar formulas distintas, nuevas, con premisas éticas y morales diferentes y capaces a su vez de adaptarnos a lo que se nos viene encima, determinará en un futuro no tan lejano, si subsistiremos como sociedad organizada o entraremos en un periodo de anarquía que solo puede tener dos finales: la aniquilación en el sentido más laxo del termino o el renacimiento humano.

  4. Pepo Millán
    23 agosto, 2010 en 17:25

    Estimado Ramón Ángel:
    Pues con las limitaciones que dices tener no lo haces tan mal. Pero con las mías, que también las tengo, no tengo más remedio que negarte la mayor: El concepto partido politico no esta superado y creo que tiene una mala salud de hierro. Acuérdate de esa frase que dice “La democracia es formula de gobierno menos mala”. Y parte de la maldad proviene de la existencia de partidos. En la naturaleza el éxito no estriba en la ética ni en la belleza. Estriba en la supervivencia. Y el concepto de partido no hace más que generar nuevos retoños. Antes de llegar a una nueva Edad Media el concepto partido evolucionara para sobrevivir. Por mucho que critiquemos la ética y la organización de los partidos clásicos aquí o cualquier lugar del mundo donde existan tendremos que reconocer que están firmemente asentados en el ecosistema político. Puede ocurrir que otros partidos nuevos más éticos y más evolucionados compitan por el mismo espacio. Con referencia concreta a España esto era imposible e inconcebible hace diez años. Hoy eso es una posibilidad pequeña porque no han encontrado la aun la formula ni a la gente. ¿Federación de partidos locales? ¿Partido paraguas? ¿Cyberpartidos? ¿Regeneración interna de los partidos clásicos?……
    Creo que en los próximos años ensayaremos nuevas soluciones. La democracia seguirá siendo la formula de gobierno menos mala. Y tendrá partidos.

    Un saludo
    Pepo Millán

  5. Yo mism@
    2 septiembre, 2010 en 00:55

    Disculpa el pseudónimo a la hora de firmar el post Ramón, pero prefiero reservar mi perfil público a otros menesteres (ya me conoces). Habláis de partidos, partidos, partidos, si me permitís mi modesta opinión, os olvidáis de algo: los partidos los componen personas. Las personas a veces nos cegamos: las ilusiones, los ideales, la vanidad, la codicia, la maldad… en fin cualidad humanas muy variadas y reales. He conocido todas ellas en mi corto periplo por la política. Yo he pecado de tres: ilusión, ideales y vanidad. La tercera, la vanidad, he conseguido racionalizarla en futuro y en trabajo. Me quedan las dos primeras, por eso es el momento de dejar la política. No es que pretenda “sentar cátedra” con este discursito y con mi experiencia personal, pero bueno,si a este debate sirve…. un abrazo.

  6. 2 septiembre, 2010 en 07:21

    Yo mism@ :

    Disculpa el pseudónimo a la hora de firmar el post Ramón, pero prefiero reservar mi perfil público a otros menesteres (ya me conoces). Habláis de partidos, partidos, partidos, si me permitís mi modesta opinión, os olvidáis de algo: los partidos los componen personas. Las personas a veces nos cegamos: las ilusiones, los ideales, la vanidad, la codicia, la maldad… en fin cualidad humanas muy variadas y reales. He conocido todas ellas en mi corto periplo por la política. Yo he pecado de tres: ilusión, ideales y vanidad. La tercera, la vanidad, he conseguido racionalizarla en futuro y en trabajo. Me quedan las dos primeras, por eso es el momento de dejar la política. No es que pretenda “sentar cátedra” con este discursito y con mi experiencia personal, pero bueno,si a este debate sirve…. un abrazo.

    Esa es la cuestión, mi querida Encarna. Los partidos están formados por personas, las cuales antes de ingresar en ellos tienen sus virtudes y sus defectos, sus cualidades y sus carencias. Son personas, como tú muy bien has dicho. Sin embargo la dinámica partidaria actual convierte a esas personas en simples engranajes de una maquinaria engrasada para un solo fin: conseguir el poder o mantenerlo a costa de saltarse, si preciso fuere, el más elemental de los principios democráticos.

    Siendo parte de la estructura maquinal, las personas actuamos maquinalmente e incluso cuando tenemos recelos ante lo que nos puede parecer contrario a los principios que defendemos, buscamos la justificación necesaria, por peregrina que sea, para mantener la maquina en funcionamiento y seguir siendo parte integrante de ella, sin darnos cuenta que en ese momento dejamos de ser personas y nos convertimos en animales políticos, adquiriendo nuevos defectos que se unen a los propios, llegando a ser irreconocibles.

    La política, tal y como está concebida actualmente, tiene serias carencias éticas y morales. Evidentemente cada uno tiene su moral, sin embargo la ética pública debe procurar el entendimiento y la convivencia de las distintas morales, bajo principios de justicia universal. En el seno de los partidos la única ética imperante se manifiesta en la sumisión de los miembros a los aparatos. Esto ocurre en todos los partidos políticos sin excepción. Y ocurre porque las personas, esas personas que tú nombrabas, dejamos de serlo una vez que la corriente pura y dura de la militancia se impone mediante la exigencia y aceptación de la fidelidad inquebrantable, confundida de lealtad.

    La política nos hace ser peores personas si la componente afectiva está ausente. Alguien me dijo una vez “aquí no venimos a hacer amigos” en referencia a un partido político. Por tanto si no se hacen amigos, irremediablemente se cosechan enemigos. Más pronto o más tarde.

    La experiencia me dice que para hacer política se debe carecer de escrúpulos. Carecer de principios asentados. Y por supuesto de sentimientos. Si se tienen, la lucha interna llega a ser tan intensa, que la enfermedad puede hacer mella en el individuo.

    Como dije no sé donde, los partidos políticos contemporáneos son sectas peligrosas, capaces de programar al individuo para los actos más repelentes. Son un peligro social, te lo digo de verdad. Son un peligro democrático, tal y como están concebidos.

    Por eso la regeneración no se traduce exclusivamente en crear nuevas siglas y pregonar a los cuatro vientos un mensaje de catarsis política. La Regeneración debe empezar por los valores morales que nos empujan hacia la política. Y esa regeración no puede llegar de la mano de infectados por el virus sectario; hipersensibles a la crítica que exigen docilidad bajo las premisas éticas imperantes en la política de hoy en día.

  7. Encarna
    2 septiembre, 2010 en 11:11

    Bueno, no quería ser tan profunda en mi reflexión, nuestras experiencias son distintas y quizá no me he expresado bien. El hombre es un animal político, y con todos sus defectos y virtudes crea partidos políticos, con intereses distintos, unos más honorables que otros. precisamente por la situación que atraviesa la clase política en este país es que habrá tantos partidos que nacen , con la intención de cambiar las cosas. Y a mi me parece perfecto. Lo que a veces no nos damos cuenta los ciudadanos es que hay otros medios de intentar cambiar las cosas, si cada uno de nosotros nos lo proponemos. El problema es que la política ha socavado a la sociedad civil, me atrevería a decir que buena parte de la sociedad civil está comprada (entre comillas)y politizada y esto es algo que se aprecia mucho en el ámbito municipal. Y ahí es cuando ya no hay equilibrio. Los medios de comunicación también están politizados (el cuarto poder). La justicia, más de lo mismo, y necesita una amplia reforma para despolitizarse (algo que los políticos no van a permitir). Entonces, si todo está politizado y la política no atraviesa precisamente por su mejor momento, estamos perdidos. Es entonces cuando solo veo la solución en la regeneración de la sociedad civil, la ciudadanía participativa y activa, y los medios que tiene para serlo. Las nuevas tecnologías son un filón. Está claro que esto tiene sus limitaciones, pero si van a seguir decidiendo por nosotros, por lo menos, que tengamos voz en ciertos foros y se pueda hacer presión. No sé en fin esto es un galimatías y podría estar escribiendo horas. Simplemente no me quería quedar con las ganas de comentar, aunque no estemos de acuerdo en algunas cosas, quería quitarme esa espinita.

  8. 2 septiembre, 2010 en 11:37

    Encarna :

    Bueno, no quería ser tan profunda en mi reflexión, nuestras experiencias son distintas y quizá no me he expresado bien. El hombre es un animal político, y con todos sus defectos y virtudes crea partidos políticos, con intereses distintos, unos más honorables que otros. precisamente por la situación que atraviesa la clase política en este país es que habrá tantos partidos que nacen , con la intención de cambiar las cosas. Y a mi me parece perfecto. Lo que a veces no nos damos cuenta los ciudadanos es que hay otros medios de intentar cambiar las cosas, si cada uno de nosotros nos lo proponemos. El problema es que la política ha socavado a la sociedad civil, me atrevería a decir que buena parte de la sociedad civil está comprada (entre comillas)y politizada y esto es algo que se aprecia mucho en el ámbito municipal. Y ahí es cuando ya no hay equilibrio. Los medios de comunicación también están politizados (el cuarto poder). La justicia, más de lo mismo, y necesita una amplia reforma para despolitizarse (algo que los políticos no van a permitir). Entonces, si todo está politizado y la política no atraviesa precisamente por su mejor momento, estamos perdidos. Es entonces cuando solo veo la solución en la regeneración de la sociedad civil, la ciudadanía participativa y activa, y los medios que tiene para serlo. Las nuevas tecnologías son un filón. Está claro que esto tiene sus limitaciones, pero si van a seguir decidiendo por nosotros, por lo menos, que tengamos voz en ciertos foros y se pueda hacer presión. No sé en fin esto es un galimatías y podría estar escribiendo horas. Simplemente no me quería quedar con las ganas de comentar, aunque no estemos de acuerdo en algunas cosas, quería quitarme esa espinita.

    Totalmente de acuerdo. Son las iniciativas ciudadanas las únicas que pueden intentar revertir esta situación creando corrientes de opinión. Los partidos políticos convencionales están superados y ya no son referentes para nadie ni para nada. Se han convertido en un problema, cuando deberían haber sido parte de la solución. Los nuevos movimientos políticos que nacen a la sombra del fracaso de las formaciones tradicionales, si bien en un principio sus motivaciones son loables y están plagadas de sinceras intenciones regeneradoras, andado un poco el camino institucional, caen en las mismas malas artes que pretendieron combatir y solo contribuyen a atomizar más si cabe el espectro político, dejando la impresión general de la imposibilidad de cambiar las cosas desde dentro. Impresión que para mí ha dejado de serlo y se ha convertido en una verdad incuestionable.

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