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Hiyab

25 abril, 2010

Hace unos años, con ocasión de la polémica del velo desatada en Francia, opiné al respecto en alguno de los muchos blogs y foros de internet, desdramatizando el hecho y quitándole la importancia que ciertos sectores sociales dan a una prenda que por otra parte, llevaron nuestras abuelas y madres hasta hace muy poco tiempo.

No es fácil tomar una posición en estos temas, donde la religiosidad, la libertad individual y el cumplimiento de las normas, entran en clara confrontación, aderezado algunas veces con una dosis de fanatismo mal disimulado que en muchas ocasiones esconde detrás intereses poco o nada confesables.

En el caso que estos días ocupa las portadas de los diarios nacionales, existen unos antecedentes que no deben pasarse por alto. La muchacha en cuestión, reclama el derecho a usar el velo islámico en el colegio al que asiste desde el principio de curso y cuyas nomas internas prohíben cubrirse la cabeza a alumnos y alumnas. De tal manera es esto así, que la famosa y televisiva gorra de beisbol americana y que tanta profusión tiene entre ciertas tribus urbanas, debe guardarse al cruzar el umbral del centro. En aplicación de esta regla, las estudiantes musulmanas se quitan la prenda al acceder al instituto. Así ha sido hasta ahora y así lo realizaba la chica que casi a final de curso se ha enfrentado a lo establecido por el Consejo Escolar. Nada que objetar a la insumisión sobrevenida. Sin embargo el hecho de que su padre sea imán de la mezquita de la zona y que él mismo al inicio de curso aceptara las normas acordadas al matricular a la niña en este centro, teniendo la posibilidad de realizarlo en otros cercanos donde sí se permite el uso del pañuelo, da que pensar sobre las verdaderas intenciones que este caso concreto esconde detrás. Es posible que la muchacha, entonces, no tuviera arraigada la costumbre y que con el tiempo la abrazara, lo cual genera una situación de difícil solución, ya que el cambio de centro, a estas alturas, no es nada aconsejable si su formación es lo que de verdad cuenta. En todo caso hay muchos interrogantes por contestar.

En líneas generales me parece exagerado que esta prenda, por sus connotaciones religiosas, pueda herir sensibilidades o que sea tomada como ostentación de una determinada creencia. Salvo que las musulmanas que conozco me engañen, cosa que dudo, el velo islámico no es una muestra de sumisión al padre o al marido, se trata más de una costumbre femenina que no todas llevan a rajatabla, como la que tenían nuestras mayores al enviudar. En todo caso es una muestra de fervor a su Dios, a Ala. Pues me parece muy bien, siempre y cuando, tal y como manifiestan, sea asumida con total libertad. Al igual que ocurrió con nuestras antepasadas, el tiempo y la educación dejará a cada trapo en su sitio.

El caso es que el velo islámico me produce la misma sensación que los belenes en los colegios cuando llega la navidad. Indiferencia. Tanta como los tronos en los espacios públicos por Semana Santa. O el Cristo de Monteagudo.

No saquemos las cosas de quicio. Prohibir el uso del velo islámico por ley, prohibir una prenda femenina en suma, es como exigir por ley a Rosa Díez que cambie de peluquero.

Cuánto más guapa estaría con un bonito pañuelo cubriendo su inestimable cabeza, que con semejante tocado.

Ese peinado sí que hiere la sensibilidad del más pintado y no por ello se debe castigar su exhibición en lugares públicos.

¿O sí?

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