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Felicita, que algo queda

9 marzo, 2010

Los españoles somos poco protestones. Ante la autoridad muy poco. O nada. Nos frena ese temor innato a hacer el ridículo. Ese temor que nos invade ante el poderoso. Lo que puedan pensar de nosotros nos paraliza: ¿me estaré pasando? ¿Estoy en lo cierto? ¿Esteré exagerando? ¿Sólo yo veo lo que está sucediendo?

Los más allegados a este modesto blog, sabéis de mis ausencias por causas mayores. Quienes no se acercan ni de lejos, porque no tienen que seguir un blog personal para enterarse de las cosas, prefieren, como marujas, esperar una llamada de quien nada tiene que explicar por dos razones principalmente: la primera, porque no puedo y la segunda porque prefiero que cada uno y cada una obtenga sus propias conclusiones a partir de los acontecimientos. Lo de  comerle el coco al personal, nunca ha estado en consonancia con mi forma de ser.

Dicho esto, tengo la agradable satisfacción de anunciar que las quejas, sirven. Tal vez solo para evitar que el boca a boca circule. Pero de algo sirven.

Mi santa madre ha recibido, postrada en su lecho de dolor hoy día nueve de marzo, la visita de la dirección de un hospital después de que el hijo que es lo que ella nunca deseó que fuera, un tocapelotas, mandará la siguiente felicitación que os adjunto.

CODA: Protesta, que algo queda.

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Señores Consejero de Sanidad de la Comunidad Valenciana; Director del Hospital Clínico; Jefe del pabellón B y Responsable de la Planta 4ª:

No quiero empezar sin mentarles antes a la madre que me parió, en cuyo nombre deseo agradecerles el tratamiento especial que ha recibido en ese su establecimiento. Ni que decir tiene que toda nuestra familia recomendará a propios y extraños las excelencias de los servicios que ustedes prestan y el especial interés que demuestran por enriquecer nuestras atormentadas almas.

En línea con lo anterior, mención especial merecen las aptitudes que tanto yo como mis hermanos hemos adquirido en técnicas de manipulación de enfermos impedidos de avanzada edad, concerniente al correcto traslado en sus postraciones, gracias a la delegación y la confianza que el diligente servicio de celadores de su hospital depositó en nosotros.

Tampoco podemos pasar por alto el esfuerzo que han realizado para dotar a los profesionales de planta de las más avanzadas técnicas informáticas, que evitan errores tan comunes en el pasado como confundir dietas, no cotejar el tratamiento domiciliario con el hospitalario o la alteración del número de habitación del enfermo, que impedía la asistencia y rehabilitación prescrita por los facultativos. Nuestras felicitaciones por la apreciable mejora en la calidad sanitaria de su hospital. Dónde va a parar.

Asimismo deseamos trasmitirles nuestro agradecimiento y admiración a la ingente, denodada y sacrificada labor que realizan en bien de los contribuyentes de precaria salud, los cuales no siempre saben apreciar en la medida que se merece el esfuerzo y la dedicación que a diario demuestran.

De hecho, queremos hacerles llegar nuestra más sincera solidaridad cuando injustamente se les acusa de mantener enfermos en los pasillos, siendo esto incierto. Hemos podido comprobar que este hecho viene determinado por la complicada coordinación que los distintos departamentos mantienen entre si, confluyendo con puntualidad inglesa en la prestación de los cuidados al paciente. El aseo personal, la limpieza del alojamiento, la sustitución de enseres y el servicio de catering, todo a una. Nos hacemos cargo de las dificultades organizativas que esta gestión de recursos, sobre todo humanos, conlleva.

También queremos agradecerles que mantengan las habitaciones compartidas, que en algunas ocasiones se ha puesto en entredicho, cuando es de gran ayuda para enfermos y acompañantes, los cuales pueden intercambiar experiencias personales de males presentes o pasados, que son más llevaderos en buena compaña y facilitan la evolución positiva y la recuperación, sobre todo sicológica, de los enfermos: siempre hay alguien que lo ha pasado peor. Además cultivamos la sana inhibición y ampliamos el círculo de amistades que algunas serán ya, para toda la vida.

Quedando a su entera disposición y reiterándoles mi agradecimiento.

Ramón Ángel Romero Martínez

DNI: ———————————

PACIENTE:

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Servicio: OTORRINOLARINGOLOGÍA

Hospital Clínico Universitario de Valencia

Fecha de ingreso: 28/02/2010

Fecha de alta: Permanece ingresada

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Categorías:VIVENCIAS Etiquetas:
  1. Eva
    9 marzo, 2010 en 19:47

    Las protestas no sirven si se brindan al sol.Si se dirigen a traves del canal adecuado, normalmente funcionan. Como dijo Gandhi:”Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado,un esfuerzo total es una victoria completa”. Si todos pensaramos así,y no nos quedaramos esperando a ver qué pasa,cambiarían las cosas hasta en la política. A veces los “tocapelotas” sirven para algo, aunque molesten, pero solo a veces, porque son pocos, menos mal, que diría mi madre.

  2. lola
    13 marzo, 2010 en 14:51

    Estoy contigo, Ramón. Tengo un tío alemán y nunca ha entendido por qué aquí nos dejamos avasallar y no exigimos nuestros derechos. Me lo repitió tantas veces de pequeñita que ha hecho de mi la recordwoman rellenando hojas dereclamaciones y dando palmaditas en los mostradores preguntando por el responsable de turno. Y NO ME VA MAL.

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