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La variedad dentro de la unidad o lo que nos une

4 marzo, 2010

“Vero verius quid sit, audi”

En torno de los poderosos y especialmente de aquellos que por azares de la suerte llegan a ocupar las más elevadas posiciones de la vida de los partidos, se reúne siempre una camarilla dispuesta a disfrutar las regalías y las ventajas que el favor puede depararle. Así nacen los consejos, los comités, las coordinadoras, las ejecutivas y cuantos órganos de dirección, en todos los tiempos, bajo todas las formas de organización y en todos los territorios, identifican sus intereses con los del que las favorece aunque tal favorecimiento signifique injusticia y hasta perjuicio para los que no han querido o no han logrado trepar a las proximidades del poderoso.

Los intereses creados tienen la triste virtud de anular en el corazón y en el sentimiento del hombre todas las pasiones nobles que afectan a la dignidad, a la patria e incluso a la familia. El bienestar material hace egoístas a los que en él viven; la apetencia de autoridad, de vanidosa significación y preponderancia, llega a anular el sentimiento de justicia, la conveniencia determina la adhesión del favorecido al favorecedor, aunque en ocasiones las ambiciones no se sienten totalmente satisfechas y sobreviene entonces la traición. Tales son los elementos que conducen a la formación de los partidos políticos afectos a las personas que reinan o gobiernan en el más lato sentido de estas palabras.

Todos aquellos a quienes las incidencias de la vida han llevado hasta el plano de los privilegios, del favor y de la protección del poderoso, llegan a desligarse de toda otra condición que no sea la de privilegiados y a ella sacrifican deberes, y virtudes, honor y lealtad, justicia y verdad. Para ellos es la mayor y casi única preocupación la de continuar en el goce de sus privilegios y de sus regalías. Y los dirigentes, conocedores del corazón humano, han sabido siempre, y saben, crearse un contingente de incondicionales no a ellos, sino a los favores que reciben y esperan. Por tal causa, cuando un poderoso se derrumba sin que puedan quedar esperanzas de que de nuevo se levante, sus partidarios y sus favorecidos no tardan en abandonarle para rodear al nuevo líder, al nuevo poder que, para sostenerse, habrá de darles igual trato que el anterior poderoso les diera.

Basta echar un rápido vistazo sobre el actual panorama político español para comprobar lo que afirmamos. Los principales personajes de la política española, los más interesados en que el nuevo régimen se consolide, no son precisamente los más republicanos, sino los que en tiempo de la monarquía y de la dictadura, medraron a la sombra de reyes y dictadores.

“Veritas visu et mora, falsa festinatione et incertis valescunt”

Extraído del ensayo LA NACIÓN CATALANA NO HA EXISTIDO NUNCA

España.  Año 1932

Se han modificado algunos contenidos y situaciones del original que no alteran sustancialmente el sentido del mensaje.

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  1. Jesus
    4 marzo, 2010 en 13:38

    Es evidente que las cosas no cambian. 80 años mas tarde y seguimos igual. Tales cosas igual pasaron en UPyD, “el partido diferente”….

  2. Jose Maria
    4 marzo, 2010 en 15:36

    Buen articulo y buena descripcion de la morrala partitocracia.
    En relacon a la galera a mi me maravilla una cosa que no hemos reparado.
    ?os habeis fijado que cuando se terminen las elecciones en las territoriales todo el que se quede tendra un carguito? por ejemplo en el Consejo Politico territorial, que en algunos sitios van a ser 100 en cada autonomia. ?y para que leches van a servir si no es para cubrir el ego de algun palmero?
    Un saludos/JoseMaria

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