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Cada día que amanece, el número de tontos crece

12 febrero, 2010

Cada día que amanece, el numero de tontos crece”. Y así debe ser a tenor de la que ha liado un abogado murciano al presentar un recurso ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJ de Madrid por el que solicita la “retirada de símbolo religioso de espacio público” en referencia al Cristo de Monteagudo.

El letrado en cuestión, José Luis Mazón, que algo de estrella parece tener, encabeza la asociación jurista que ha presentado el recurso argumentando que “desde la década de los años 50, y como reliquia del totalitarismo católico impuesto por el régimen de Franco, sobrevive sobre el castillo musulmán de Monteagudo, cuya belleza destroza, dicho sea de paso“. Y justifica el hecho de haberse dirigido en primer lugar al Ministerio de Hacienda por ser el Estado “el propietario del citado monte, castillo y estatua de confesión religiosa“.

Van mucho más allá Mazón y sus compañeros de la Asociación Preeminencia del Derecho al poner de manifiesto que “la citada estatua, aparte de constituir una enfermiza incrustación que profana el castillo hispano-musulmán del último rey islámico (ya salió el moro que todos llevamos dentro) y el patrimonio histórico, está ubicada en terrenos propiedad del Estado, por lo que proyecta la identificación de éste (el Estado) con el credo católico del cual dimana (la estatua)“.

Y claro, semejante pretensión a puesto de los nervios a más de uno, acostumbrados a la divina figura que se atisba en el horizonte al llegar a Murcia y que parece recibir, con sus brazos extendidos, a todo aquel que arriba a estas tierras dejadas de la mano de Dios y de los gobernantes de turno. Se ha desatado la vieja guerra entre lo religioso y lo laico. Entre lo divino y lo terrenal y lo que es peor: entre los sentimientos. Porque de sentimientos va la cosa, no se dejen engañar. Conozco la tira de ateos, agnósticos, laicos, anticlericales, rojos, anarcos, conversos y ninís que no están por la labor de retirar tan gigantesco Cristo. Han crecido a su vera y le tienen un “no sé que” afectivo dificil de explicar. Aunque no sea el Cristo de Los Faroles. Guste o no guste, se ha convertido en un símbolo murciano, como el pimiento, el zarangollo, las paparajotas, el Tio Pencho o la falta de agua. Aunque se plantara en tiempos de Franco o de Fernando VII.

Dice tan docto abogado, famoso por mandar al paro al juez Calamita o por sus querellas contra otra estrella que se apaga, el sin par Baltasar Garzón, que “la imposición de símbolos católicos en propiedades de todos me incordia, pero me incordia mucho más esa fea estatua oprimiendo al monte y a su castillo, emblema de la irracionalidad de los poderes públicos” Que los poderes públicos son irracionales, es algo sabido, pero incordiar, lo que se dice incordiar, a los murcianos les incordian (además de su casta política) otras cosas menos mundanas: la falta de agua y el negocio que algunos espabilados se han montado en torno a ella, la sanidad, bastante decrépita y en unos niveles de calidad que mejor no hablar, el transporte público, propio del siglo pasado. La misma justicia, de la que viven estos desfacedores de entuertos, cuya impartición más bien parece una partición de aquel que parte y reparte llevándose la mejor parte. Ya sé, ya sé. No se alteran tanto los murcianos por estas menudencias. ¿Qué le vamos a hacer? Los sentimientos son irracionales y llaman arrebato a criadillas. Mire usted la que se monta cada dos por tres en los campos de fulibán por el color de los amores. ¡Ay! corazón loco.

Otro argumento de peso para tomar esta iniciativa, además de la fealdad de la estatua, tiene que ver con “el mal fario”. Según Mazón, “El Cristo ha traído mal fario al pueblo. Cincuenta casas están cerradas, no se prospera con esa estatua, es una energía negativa que opera sobre Monteagudo y sobre Murcia” Con dos cojones. O sea, que todas las desgracias que sufre Murcia no tiene más responsable que la estatua. Ni Zapatero, ni Valcárcel, ni Cámara, ni el sobrinísimo. No, la culpa del atraso secular de nuestra región no la tienen los políticos encastados. La tiene él. El Cristo de Monteagudo. Sí señor. Un argumento de peso jurídico, no para desmontarla: para dinamitarla directamente. ¡A mí los zapadores!

Don Quijote es mucho más de lo que parece. Cultivo sus esencias y me proporciona estupendas ideas. Creo que San Don Quijote me ayuda y guía en mi camino”. Pues queda todo dicho, señor Mazón. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Y luego dicen que en Murcia nos aburrimos. Cándidos.

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  1. 25 abril, 2010 en 21:33
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