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Amor constante más allá de la muerte

22 enero, 2010

Por ti y para ti……

Uno de los versos más emocionantes de la literatura española, y universal, lo escribió Francisco de Quevedo (1580 – 1645). Lo tituló Amor constante más allá de la muerte y se corresponde a una etapa de madurez del poeta, en el que habitualmente se valora su línea conceptual y satírica pero en la que hay que resaltar composiciones como este soneto, ejemplo de la más alta poesía lírica.

Inevitable no recordar el verso final del “Amor constante…”: “Polvo serán, mas polvo enamorado” contemplando la foto de dos esqueletos abrazados, de 6.000 años de antigüedad, encontrados en San Fernando. Los arqueólogos nos han dicho que se trata del esqueleto de un hombre de algo más de 35 años de edad y una mujer de 14 años, abrazados en la muerte y en la eternidad, junto a los restos de un niño de pocos años. Sorprendente esta estampa de amor (paterno filial, de esposos, lo mismo da), en el revoltijo de imágenes superpuestas de tragedias y males. Finalmente podemos ser dos esqueletos abrazados para ser descubiertos antes del Armagedón y no el centón de huesos esparcidos y disparejos en una fosa común de Haití, o los escondidos restos de un poeta maravilloso que gritan el crimen horrendo que a todos nos mancha y envilece.

Los huesos abrazados estaban bajo el césped artificial de un campo de hockey y fueron encontrados en 2008. La impresión que causaron fue absoluta y mucho más cuando se hace la datación con el C-14, que arrojó los 6.000 años de edad. Hubo un Cádiz neolítico anterior al Gadir fenicio, el de los 3.000 años que tanto nos enorgullece. Por esto los huesos abrazados hay que enlazarlos con el maravilloso conjunto dolménico de Alberite, tan cerca de Villamartín, uno de los lugares de más magia y emoción que he tenido la oportunidad de visitar. El territorio gaditano, pues, fue un solar neolítico en La Isla y Alberite, Benalup, Gibraltar, Alcalá… cuya imagen emblemática es esta de los esqueletos abrazados tan cerca de la Bahía, Caño Herrera, en el derrame hacia el interior del mar gaditano de una de las islas que conformaron las Gadeiras griegas.

Los huesos enamorados de Francisco de Quevedo son todos los huesos enamorados aunque sobrecoja esta imagen de San Fernando, estos huesos que se abrazaron en el momento de la inhumación y así estuvieron a resguardo 6.000 años.

“Cerrar podrá mis ojos la postrera / sombra que me llevare el blanco día”… El poeta castellano no oscurece con sus modos poéticos barrocos el aleteo constante de la inspiración más excelsa. La luz se ha derramado de nuevo sobre la sepultura para traernos esta instantánea bajo el sol. Si no hubiera vida más allá de la muerte, por lo menos, quedaría este abrazo de huesos, esta imagen de esperanza.

Enrique Montiel

FUENTE: http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/611481/abrazo/huesos.html

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