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¿Tortura o españolofobia?

20 diciembre, 2009

Herido esta de muerte el pueblo que con sangre se divierte.

No sé de quién es esta máxima. La he escuchado en numerosas ocasiones de fervientes detractores de la llamada “fiesta nacional”. Y puede ser que algo de verdad tenga, ya que el pueblo español, España como nación, esta herida de muerte desde hace decenios. Solo hay que repasar la historia de nuestro país para comprobarlo, inmerso como esta en una permanente decadencia desde los “últimos de Filipinas”.

Un pueblo herido en lo más íntimo, es presa fácil de la demagogia. Y algo de demagogo tiene todo este asunto de las corridas de toros en Cataluña. Demagogia nacionalista, en perfecta armonía con quienes de buena fe condenan lo que ellos consideran un trato sádico a un animal indefenso, para regocijo y divertimento humano. Y claro, cuando el fanatismo nacionalista se conjuga con la desazón ante el sufrimiento animal, nos encontramos con una situación paradójica: los aficionados al toreo aumentan. Incluso quienes son incapaces de asistir a la tortura a la que es sometido el astado, pero que nunca cuestionaron la lidia, se tornan defensores de la práctica por simple oposición a las pretensiones de quienes solo desean acabar en Cataluña con un símbolo español. No suframos. Si algún día Cataluña fuera independiente, una de las primeras medidas seria restablecer el arte del toreo. Si arte es. Vaya usted a saber.

¿Qué dice nuestra clase política a este respecto? Nada, nada en concreto. Los partidos no se manifiestan abiertamente, temerosos de que unos y otros puedan pasar la factura electoral. Porque aficionados hay en todas partes. Como detractores. Pero ningún partido político, se ha manifestado claramente a este respecto. Ninguno, ni siquiera UPyD, salvo que yo lo desconozca y este equivocado.

Bien es verdad que PP y C´s se han opuesto a la tramitación de la ILP presentada en el Parlament. Pero no porque crean que la tauromaquia es una manifestación cultural que debe prevalecer. Su argumento es la españolofobia que encierra esta iniciativa, a su entender, y que yo comparto. Esto no es óbice para decir abiertamente que todos aquellos que creemos en el progreso de los pueblos, sobre todo en valores, pongamos en cuestión una práctica tan sangrienta como aquella de arrancar la cabeza de un pollo de cuajo, tirar una cabra por un campanario o lancear a un morlaco. Y no es esto lo que se va a debatir en Cataluña. Y eso se sabe. ¿O no?

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