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La Revolución que no fue

27 octubre, 2007

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Tal y como se están desarrollando los acontecimientos en la judicatura, parece evidente que estamos ante una situación de emergencia democrática. Sin embargo yo no palpo esa emergencia en las calles. Que sea necesario modificar la Constitución para caminar en pos de la tan ansiada democracia y libertad, no significa que el ciudadano así lo considere. La verdad es que no se ha trasladado al español medio este mensaje. Más bien esta calando algo parecido a una disputa deportiva, en el mejor de los casos, que enfrenta a jugadores de uno y otro equipo, jaleados por sus respectivas aficiones incondicionales, sin que la cancha sufra ningún estropicio debido a los pisotones y los revolcones.

Con esta ausencia de concienciación general resulta imposible obtener unos resultados a corto plazo que posibiliten las reformas necesarias, defenestrando primero a los que organizan el negocio mediante plazos de cuatro años, el que va de una urna a otra, enemigos acérrimos de cualquier modificación que ponga en peligro el régimen pastoril actual.

Es necesario primero hacer pedagogía política, trasladando el mensaje de urgencia nacional ante el colapso de las instituciones de cuyas consecuencias todos seremos victimas. Careciendo de los medios de masas necesarios para hacerlo es imposible lograrlo de la noche a la mañana, y por tanto no es el remedio ante la emergencia.

El desafecto por la política esta muy bien enraizado y solo una debacle económica que eleve los índices de pobreza y generalice la miseria seria capaz de hacer despertar a una sociedad anestesiada que se detenga ante las causas de la penuria inesperada. Hundimientos muchos son necesarios para que los españoles nos planteemos seriamente la necesidad de cambiar las leyes que regulan nuestra convivencia.

Desgraciadamente solo a fuerza de pescozones saldremos de nuestro embobamiento y para esto es necesario que se produzca una crisis social, política y sobre todo económica grave, que haga tambalear desde los cimientos el sistema y permita que con su caída en barrena caiga  a su vez esta forma de hacer política y unos partidos que han hecho de su capa un sayo y logrado que los ciudadanos se alejen de la vida publica sin cuya participación la democracia es una farsa.

Es imperativa por tanto una autentica revolución democrática. Y como toda revolución, esta solo se dará cuando las decisiones o indecisiones políticas afecten gravemente a lo más necesario. A lo más imprescindible. A lo más cercano. A lo más querido. Una revolución que no utilice los viejos métodos de antaño. Una revolución social innovadora y activa.

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Categorías:REFLEXIONES
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