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Hipócrita y demagogo

27 octubre, 2007

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 Cuando leo ciertas declaraciones de eminentes protagonistas de la historia contemporánea retrocediendo en el tiempo y exigiendo responsabilidades pasadas a instituciones, organizaciones, partidos o personas actuales, siempre llego a la misma conclusión: algo suyo del ayer les interesa tapar con las exigencias de reparaciones a los demás.

Tenemos muchos ejemplos que actualmente están saltando a las primeras paginas de los medios de comunicación. Con la Ley de Memoria Histórica, se están desenterrando los excesos del estalinismo profesado por el PCE en aquellos turbulentos años, que les llevo a limpiar de elementos indeseables y contrarrevolucionarios, según su criterio, las filas republicanas que se oponían al alzamiento militar contra el gobierno legal de España ( la legitimidad la perdió bastante antes). Curiosamente siempre bajo la misma acusación: cooperación con el fascismo. Para tapar aquellos desmanes, nada mejor que destapar los del oponente cargándose de razones históricas y derechos humanos. Puro teatro.

Hoy leo en la prensa la última ocurrencia de aquel que en su momento reconoció que a los vascos ( los vascos según su criterio sanguíneo) no les interesaba que el Estado terminara con ETA. Esta ultima sandez pretende aprovechar los desencuentros de la Iglesia Católica con el gobierno actual debido a la asignatura de Educación para la Ciudadanía y la elevación a los altares de unos 400 sacerdotes a los que se les dio matarile durante los prolegómenos de la guerra civil y durante esta.

El incombustible Arzalluz exige a la Conferencia Episcopal española que pida perdón por haber bautizado la asonada militar de Franco como Cruzada en 1936 ( La Vanguardia)

No puedo por más recordar las palabras del Cristo que venera Don Javier: ” Quien este libre de pecado, que tire la primera piedra”. ¿ Puede este amigo de los chicos de la gasolina tirar piedras contra la Iglesia Española por su posición en aquellos tiempos?. Me temo que no. Siguiendo el mismo patrón, fácilmente podríamos exigirle al ex presidente del PNV que pida perdón por la traición que su partido infligió a la Republica apoyando el Alzamiento en Navarra y Álava y manteniéndose tímidamente leal en Guipúzcoa y Vizcaya. La clásica posición nacionalista de pescar en aguas turbulentas desde las dos riveras.

Pues nada, Sr. Arzalluz, empiece por dar ejemplo. Pida perdón por las ideas racistas y xenófobas de su profeta Sabino Arana, por la deleznable, cobarde y traidora actuación de su partido durante el conflicto civil y después pida que los demás hagan lo propio. Si no lo hace solo podemos darle un calificativo: hipócrita. Hipócrita y demagogo.

JUAN ESPAÑOL

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