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¿ Somos racistas ?

27 octubre, 2007

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 España entera esta escandalizada y sorprendida. Un energúmeno patea a una inmigrante en un tren de los Ferrocarriles de la Generalitat, ante la pasividad de otros viajeros. Una testigo muda toma buena nota de la agresión y posibilita la detención del autor. La justicia se pone en funcionamiento y llevada por su habitual desidia pone finálmente en libertad al acusado, el cual ahora se jacta de haberse hecho famoso y cobra por las entrevistas en los medios. La España más negra salta a estos. El escándalo es mayúsculo.

Es la cámara la que nos pone ante la realidad. De no ser por ella, este caso habría pasado sin pena ni gloria. Otro más entre tantos otros ( Ahora sabemos que no es la primera vez que este salvaje hace algo así)

Reaccionamos solo cuando nuestro corazón siente. Y este solo siente cuando los ojos ven. Sabemos que esto esta ocurriendo, pero solo nos escandalizamos cuando invade la tranquilidad de nuestros hogares, los cuales creíamos castillos inexpugnables

Interviene el gobierno de un país, Ecuador, incapaz de evitar la salida masiva de lo mejor de la juventud, pretendiendo curar sus pecados dando todo el apoyo moral y material a la compatriota vejada. Mejor haría por humanizar las condiciones de su propio pueblo evitando que tenga que emigrar. Tan lejos esta llegando el asunto que el propio Fiscal General del Estado interviene a instancias del Ministro de Justicia. Nuevas declaraciones, exámenes forenses…… la maquinaria reinicia su andadura para corregir el error inicial. Estos casos aislados no deben dejarse pasar, piensan, para que no cunda el ejemplo, para dar la sensación de que España y los españoles en absoluto somos racistas. Y es mentira. Un aberrante agresor sigue suelto en Barcelona.

En España hace tiempo que el virus de la xenofobia calo en sus habitantes. Este virus se ceba tanto en los autóctonos, como en los foráneos contra otros foráneos, y en todos estos contra los primeros. Y en los primeros contra todos. Hay temor y resquemor. Es cínico no reconocerlo. Se empieza por las denominaciones despectivas ( moro mierda, gitanazo, sudaca, pony payo…..) y se termina por ignorar una agresión que se esta produciendo a nuestra vera. Por miedo, pero también por cierta complicidad subconsciente.

No seamos hipócritas. Miramos a los inmigrantes con recelo cuando no con rechazo. Los consideramos culpables del abaratamiento de la mano de obra. Los consideramos culpables de la sustitución de la autóctona por foránea. A ser posible no los queremos en nuestros barrios, temerosos de que con ellos llegue la delincuencia. Atenazamos bolsos y carteras cuando están cerca. Nos consideramos tolerantes e incluso alardeamos de tener amigos íntimos entre ellos. Como con los homosexuales todos tenemos uno. Pero a ser posible que nos vean con él lo indispensable, por si los malos entendidos. Y son estas formas las que posibilitan que el desprecio suba de intensidad, que se den casos como el de esta chica sin inmutarnos lo más mínimo hasta que los grandes medios descubren nuestras vergüenzas. Entonces nos escandalizamos, condenamos las actuaciones racistas, nos desligamos de ellas cuando somos parte activa por acción o por omisión.

Somos una sociedad, la española, gravemente afectada por una enfermedad que se esta empezando a manifestar como crónica y por tanto capaces de convivir con ella, salvo cuando se declara visualmente en su desgarradora virulencia y provoca en alguno de nosotros la rabia hipócrita más desatada. Es otra la rabia que lleva tiempo incubándose en el tejido social y a la cual no le prestamos la mínima atención, hasta que explota y se hace presente. O hasta que una imagen nos saca de nuestras burbujas y nos pone la cruda verdad ante los ojos. Es entonces cuando nuestro corazón siente.

JUAN ESPAÑOL

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