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Ley ¿ciega?

25 octubre, 2007

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El común de los mortales que por la calle andamos de un lugar a otro, nos sorprendemos al descubrir que los jueces y por extensión la aplicación de la justicia, tiene colores. Nos sorprendemos al comprobar que la interpretación de las leyes, aunque para los profanos pueda estar muy clara, cristalina, de blanca luz, para los juristas tiene matices del espectro que van de un extremo a otro de este. No solo no es ciega, sino que además ve más allá de lo humanamente posible. Y así debe ser debido a la batalla entablada  por los dos grandes partidos, tanto en el TC como en el CGPJ.

Si las leyes tienen tantas y diferentes posibles interpretaciones, es evidente que la sensibilidad política de los jueces, a la que no son inmunes, determinará un sentido u otro de su aplicación. Entonces el problema esta en el legislador, que intencionadamente y no puede ser de otra manera, fomenta la ambigüedad con el triste objetivo de poder influir para que sean aplicadas como mejor le convenga en cada momento al ejecutivo que sustenta. Es evidente que si la ley fuera tan clara y concisa como para imposibilitar distintas interpretaciones, la figura del juez estaría de más, o como mínimo se reduciría al hecho ejecutivo de golpear con una maza para indicar el momento en el que se debe iniciar su aplicación. Es aquí donde entra lo que se ha dado en llamar el espíritu de la ley. A los legos en la materia se nos dice que una ley puede tener distintas interpretaciones siempre y cuando estén dentro de su espíritu. A mí mismo, que veo el espíritu como algo etéreo, intangible cuando no inexistente, me resulta muy difícil captar que se pretende con ello o llegar a imaginar donde termina el cuerpo de la ley y donde empieza su espíritu.

Estas dudas de ignorante me llevan a la conclusión de que la ley, por lo menos en España, depende mucho de las afinidades políticas de quienes las aplican -asistimos al reinado de la prevaricación- y a ello se deben los espectáculos que últimamente  estamos viviendo en toda su intensidad. Ya sé que no descubro nada nuevo. Incluso se me podrá decir que esto ha sido siempre así en nuestra democracia. Pero es entonces cuando caigo en la cuenta de lo muy enfermo que esta el sistema -tal vez desde su alumbramiento- y en la inseguridad que padecemos los ciudadanos, obligados a indagar en la ideología del juez o jueza que vaya a tratar algún asunto que nos afecte, para optar por traje y corbata o jersey de punto cuello alto y calzón de pana  a la hora de comparecer ante ellos.

Juicios tengas y los ganes, dijo el gitano maldiciendo. Y cuánta razón tenía.

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Categorías:REFLEXIONES
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