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La lengua como arma de guerra

20 octubre, 2007

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Por un día, en mi trabajo, los compañeros hemos hablado de algo que no sea fútbol o mujeres (con todo el cariño cuando lo hacemos, eso si). Por un día hemos intercambiado opiniones ante una muestra de mala educación, intolerancia y poca mano izquierda (todo se pierde) escenificadas por un señor de Aragón que como buen converso es un perverso. Y un fanático.

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Sin embargo Josep Lluis (José Luis) esperaba la más mínima ocasión para poner en tablas las muchas tablas (valga la redundancia) que tiene para generar animadversión hacia Cataluña y lo catalán. En nuestro subconsciente hemos asimilado el discurso nacionalista tan bien llevado a la practica por Pujol en su momento e identificamos a los politiquillos de esta índole con la comunidad de procedencia (que no representan para nada). Toda crítica al pujolismo de entonces, se convirtió por obra y gracia de la más rancia de las demagogias en ataque a la patria catalana, de tal manera que incluso hoy en día nos autocensuramos una y otra vez antes de criticar cualquier acción política que pueda ser utilizada por el nacionalismo como manifestación catalanofóbica.

Pues en esta línea hemos entrado por la puerta grande y el actor secundario de la otra noche lo sabe perfectamente. Sabe que siendo grosero, amenazante y despectivo, la reacción colectiva será al mismo tiempo despectiva pero no hacia él, sino hacia Cataluña. Porque esa es la realidad. La expresión ” putos catalanes y putos vascos” se esta generalizando debido a que hemos asumido los modos y las formas nacionalistas e identificamos, como así desean, a los políticos como Rovira con Cataluña y los catalanes. Me temo que a este respecto hemos perdido la batalla.

El nacionalismo español más rancio, que creíamos finiquitado para siempre, permanece latente y vuelve a tomar fuerza como contraposición a las agresiones (de toda índole) provenientes de los nacionalismos periféricos los cuales para permanecer vivos necesitan resucitar al enemigo ancestral. Por eso hoy en día hay más antifranquistas que cuando vivía Franco. Por eso toda iniciativa que pretenda poner límites a sus abusos y privilegios es considerada como españolismo, no porque lo sea, sino porque lo necesitan. Y me parece que el subconsciente colectivo esta entrando al trapo en el juego. La confrontación les es necesaria. Si el pueblo español se la da, será su fin.

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