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El último faraón
El último faraón ha caído. La perseverancia del pueblo egipcio y la “neutralidad” del ejército, han podido con el dictador que durante treinta años dirigió férreamente la nación de las pirámides. Ahora se presenta un futuro incierto para el país, corroído por la corrupción, con índices de pobreza y analfabetismo incomprensibles y la amenaza fundamentalista al acecho, que se nutre del caldo de cultivo de pueblos abocados a la miseria y la desesperación.
Occidente ha mantenido y mantiene cierta tolerancia con dictadores árabes “moderados”, bajo la excusa de la contención islámica. Sin embargo estas dictaduras son la principal fuente de las que beben los movimientos fundamentalistas, nutriendo sus filas con elementos que en nada valoran el pellejo y solo les queda una cosa por perder: la vida, que cotiza a la baja en esas latitudes y descubre un nuevo sentido en el proselitismo que empuja al martirio.
Así lucha Finlandia contra la corrupción (y no lo hace España)
Mari Kiviniemi primer ministra finlandesa
Finlandia ha sido reconocida internacionalmente como la nación menos corrupta del planeta, una parte de ese logro recae en la estricta moralidad imperante en el país, a pesar de ello, y para facilitar la transparencia, también cuenta con un conjunto de principios enfocados a evitar el abuso de poder y que son insólitos en la cultura española. Esta es la manera con la que Finlandia lucha contra la corrupción:
Atentos, nos están mirando
Es lo malo de este mundo globalizado: que no hay manera de mantener protegidos los secretos de familia. Nosotros, los españoles, ya sabíamos lo que se podía esperar del tándem Zapatero/Moratinos. Llevábamos como podíamos saber que nos había tocado en desgracia el peor de los gobiernos para la peor de las coyunturas; y a lo máximo a lo que aspirábamos –conscientes de que hay cosas que no es posible cambiar– era a que nuestra desgracia pasara más o menos desapercibida ante el resto del mundo.
















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