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Todos somos japos
País de hipócritas

Comprendo que algunos amigos y compañeros se extrañen de la poca actividad cibernética que últimamente desarrollo. El trabajo, el curro, el yantar de todos los días manda prioridades. Ocupa casi todo mi tiempo, hasta el extremo que mis hijas, ironicamente, escenifican un chiste de los sesenta: aquel que ponía en fuga a la prole cuando el papá, después de varias semanas de ausencia laboral, llegaba a casa y era considerado un extraño invasor por los pequeños que, despavoridos, salían corriendo ante el intruso, buscando la seguridad del regazo materno.
El príncipe deseado
Dicen las lenguas viperinas en los programas del corazón, que la princesa de Asturias está felizmente embarazadísima. Dicen esas mismas lenguas que la Casa Real ni confirma ni desmiente. Dice el notario mayor de la casa real, no el de la Casa Real, que está en ello. En embarazarse. Con la complicidad lógica de su partenaire en estas lides. Dicen que de ser verdad, la Casa Real confirmará el feliz acontecimiento cuando la futura mamá este preñada de tres meses.
Y digo yo, teniendo en cuenta que la monarquía la mantenemos entre todos ¿no podrían cortarse un poquito y esperar a que el resto de los españoles podamos encintarnos sin que el acontecimiento suponga un revés a las finanzas familiares?
Con todos los respetos, teniendo en cuenta que da igual un futuro rey que una futura reina ¿no estaría bien que se contuvieran un tanto? Se sabe de la potencia Borbona, un dato histórico y perfectamente verificado, pero caramba, que aquí los únicos que vienen con un pan bajo el brazo son los de sangre azul y ya son unos cuantos. Al resto, ni los 2500. Y eso es un agravio comparativo, más como están las cosas ¡caray!


















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