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Todo un clásico en campaña.

24 octubre, 2010

No es la primera vez que lo intenta. Tampoco será la última. Se ha convertido en todo un clásico de las campañas electorales. Ella es consciente del resultado que obtendrá con su empeño y por tanto no le duelen prendas insistir. La capitana de l@s camisas magentas ha encontrado un filón de titulares y apertura de telediarios en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense. Y lo explota.

Las condiciones son excelentes: un decano tibio ante el alumnado radical y un alumnado nada proclive al uso electoral de su “templo de la inteligencia” que diría Unamuno. Un exceso de Don Miguel, visto lo visto.

Por eso es imprescindible hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué pretende Rosa Díez? ¿Reivindicar el derecho a la libertad de expresión en un foro que recibe con los brazos abiertos a Evo Morales y sin embargo impide su plática? ¿Se ha puesto sobre sus hombros la tarea de reconquistar para la democracia el terreno perdido en manos de la reacción? ¿Quiere ser la Juana de Arco de las esencias del estado de derecho?

Conociendo al personaje, se nos antoja bastante improbable que su pretensión sea denunciar una situación totalitaria y advertir del peligro que se cierne sobre el país, debido a las prácticas coactivas de quienes están llamados a conducirlo en el futuro. Bien es cierto que los estudiantes de la tarjeta roja no son un ejemplo democrático y que su actitud, además de bochornosa, es intolerable en democracia. Pero no debemos olvidar que la boicoteada no es precisamente un modelo de tolerancia y dialogo. No están entre sus virtudes. Su total rechazo al debate de ideas, la tendencia a demonizar al oponente cuando no a calificarlo malsanamente, el culto hacia su persona que fomenta y difunde hasta en papel couché, la predisposición para firmar sentencias de muerte política sin más motivación que la oposición a sus criterios, hacen de ella la protagonista menos idónea para encabezar cruzadas democráticas y mucho menos regeneradoras.

La universidad pública es patrimonio de todos los españoles. La financiamos entre todos y financiamos el conocimiento que adquieren unos estudiantes que lo tendrían imposible en la universidad privada. Por tanto, ese “templo de la inteligencia” no es propiedad exclusiva de quienes asisten a él. Y Rosa Díez, a pesar de los pesares, a pesar de su fervor por las prácticas estalinistas, tiene todo el derecho a exponer su mensaje en el seno del saber.

Por tanto, como verdaderos demócratas, no cabe más que manifestar lo siguiente:

¡Libertad de expresión para Rosa Díez!

¡Los españoles tienen derecho a conocer su demagógico y contradictorio mensaje!

Próxima parada, Barcelona, facultad de ciencias políticas de la UAB.

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